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may
15

El apego en niños discapacitados

Estimulación: Aspectos generales

El apego en niños discapacitados  

El apego afectivo es la unión entre personas que crea un fuerte vínculo positivo entre ellas. En los niños el apego se establece con las personas que lo cuidan. El apego se produce cuando las personas que cuidan al niño ofrecen un espacio físico y mental de afecto y seguridad física y emocional que permite establecer y desarrollar relaciones positivas.

El apego y las uniones afectivas y positivas fortalecen el desarrollo físico y emocional de los niños, el apego permite que los niños sientan seguridad psicológica y física y es este sentimiento que se va creando lo que une a las personas de forma positiva.

Las relaciones negativas, falta de cuidados físicos y emocionales-afectivos, producen un apego inseguro en los niños que les repercute negativamente en el desarrollo general y afectivo.

El apego en las relaciones adultos-niños y especialmente entre progenitores y niño, depende de las conductas de los adultos y cuidadores. Son los cuidadores de los niños quienes con su conducta fomentan las relaciones de apego positivo o negativo. Las conductas de cuidados físicos y las que indican acercamiento afectivo o rechazo hacia el niño, se manifiestan por los actos, actitudes y señales verbales y gestuales que los progenitores y cuidadores envían a los niños.

Los niños dependen de la conducta de los adultos para vincularse. Por otro lado las características y la forma de ser de los niños facilitan o dificultan las vinculaciones positivas. Y los niños con discapacidad por las características propias de la discapacidad tienen un mayor riesgo de ser rechazados consciente o inconscientemente.

Los niños con discapacidad influyen de forma negativa sobre sus cuidadores (Fraiberg, 1974, en The effect of the infant on its caregiver. NY. Wiley) ya que no responde de la forma esperada a las señales positivas de los cuidadores: tardan más en responder con sonrisas, con la mirada, con movimientos de satisfacción, solicitan menos veces la presencia de los progenitores con conductas lúdicas y de juego social, participan menos en los juegos de interacción de forma espontánea, tienden durante los primeros meses a expresar poco sus emociones con expresiones faciales de búsqueda de la mirada, sonrisas de llamada y para continuar un juego, emiten menos sonidos placenteros. Todas estas conductas dificultan las relaciones y el apego.

Para que el desarrollo de los niños avance es necesario un espacio de apego positivo con los progenitores o con los cuidadores. Son los apegos positivos los que impulsan y estimulan el desarrollo y el aprendizaje.

Los niños con discapacidad tienen mayor riesgo de establecer relaciones de apego inseguras. El asesoramiento y el entrenamiento de los padres y cuidadores es la mejor herramienta para prevenir apegos inseguros y negativos.

Veamos cuales son las consecuencias de los apegos positivos y de los apegos negativos.

Los apegos positivos son los que son considerados apegos fuertes y que favorecen la calidad de las relaciones entre progenitores y niños, cuidadores y niños. Existen apegos negativos que son uniones emocionales que no producen afecto, producen malestar y distancia. Cuando eso sucede en personas adultas sanas se separan y se distancian, hasta no interferirse alejándose de ese tipo de malas relaciones. Cuando las relaciones y vinculaciones negativas se establecen con personas con alteraciones y patologías  mentales mínimas y graves y no consiguen distanciarse, el apego negativo les sirve para crear espacios de malestar y maltrato entre ellos.

Este tipo de vinculaciones positivas cuando suceden entre progenitores, cuidadores y niños dan como resultado relaciones cálidas y seguras entre los miembros de la familia, los cuidadores y educadores. Cuando las vinculaciones son negativas dan como resultados problemas en el desarrollo infantil y en los casos más graves aparece el síndrome del niño que no progresa: niños demacrados, tendencia a enfermar, dificultad para alimentarse, tendencia a no relacionarse con otros, retraídos, ya que los niños no pueden escapar de esa situación a diferencia de los adultos sanos que pueden optar por desvincularse de las relaciones perturbadoras e insanas

 

 
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