El apego en niños
discapacitados
El apego afectivo es la unión entre personas que crea un
fuerte vínculo positivo entre ellas. En los niños el apego se establece con las
personas que lo cuidan. El apego se produce cuando las personas que cuidan al
niño ofrecen un espacio físico y mental de afecto y seguridad física y
emocional que permite establecer y desarrollar relaciones positivas.
El apego y las uniones afectivas y positivas fortalecen el
desarrollo físico y emocional de los niños, el apego permite que los niños
sientan seguridad psicológica y física y es este sentimiento que se va creando
lo que une a las personas de forma positiva.
Las relaciones negativas, falta de cuidados físicos y emocionales-afectivos,
producen un apego inseguro en los niños que les repercute negativamente en el
desarrollo general y afectivo.
El apego en las relaciones adultos-niños y especialmente
entre progenitores y niño, depende de las conductas de los adultos y cuidadores.
Son los cuidadores de los niños quienes con su conducta fomentan las relaciones
de apego positivo o negativo. Las conductas de cuidados físicos y las que
indican acercamiento afectivo o rechazo hacia el niño, se manifiestan por los
actos, actitudes y señales verbales y gestuales que los progenitores y
cuidadores envían a los niños.
Los niños dependen de la conducta de los adultos para
vincularse. Por otro lado las características y la forma de ser de los niños
facilitan o dificultan las vinculaciones positivas. Y los niños con
discapacidad por las características propias de la discapacidad tienen un mayor
riesgo de ser rechazados consciente o inconscientemente.
Los niños con discapacidad influyen de forma negativa sobre
sus cuidadores (Fraiberg, 1974, en The effect of the infant on its caregiver. NY. Wiley) ya que no responde de la forma esperada a las
señales positivas de los cuidadores: tardan más en responder con sonrisas, con
la mirada, con movimientos de satisfacción, solicitan menos veces la presencia
de los progenitores con conductas lúdicas y de juego social, participan menos
en los juegos de interacción de forma espontánea, tienden durante los primeros
meses a expresar poco sus emociones con expresiones faciales de búsqueda de la
mirada, sonrisas de llamada y para continuar un juego, emiten menos sonidos
placenteros. Todas estas conductas dificultan las relaciones y el apego.
Para que el desarrollo de los niños avance es necesario un
espacio de apego positivo con los progenitores o con los cuidadores. Son los
apegos positivos los que impulsan y estimulan el desarrollo y el aprendizaje.
Los niños con discapacidad tienen mayor riesgo de establecer
relaciones de apego inseguras. El asesoramiento y el entrenamiento de los
padres y cuidadores es la mejor herramienta para prevenir apegos inseguros y
negativos.
Veamos cuales son las consecuencias de los apegos positivos
y de los apegos negativos.
Los apegos positivos son los que son considerados apegos
fuertes y que favorecen la calidad de las relaciones entre progenitores y
niños, cuidadores y niños. Existen apegos negativos que son uniones emocionales
que no producen afecto, producen malestar y distancia. Cuando eso sucede en
personas adultas sanas se separan y se distancian, hasta no interferirse
alejándose de ese tipo de malas relaciones. Cuando las relaciones y
vinculaciones negativas se establecen con personas con alteraciones y
patologías
mentales mínimas y graves y
no consiguen distanciarse, el apego negativo les sirve para crear espacios de
malestar y maltrato entre ellos.
Este tipo de vinculaciones positivas cuando suceden entre
progenitores, cuidadores y niños dan como resultado relaciones cálidas y
seguras entre los miembros de la familia, los cuidadores y educadores. Cuando
las vinculaciones son negativas dan como resultados problemas en el desarrollo
infantil y en los casos más graves aparece el síndrome del niño que no
progresa: niños demacrados, tendencia a enfermar, dificultad para alimentarse,
tendencia a no relacionarse con otros, retraídos, ya que los niños no pueden
escapar de esa situación a diferencia de los adultos sanos que pueden optar por
desvincularse de las relaciones perturbadoras e insanas