Comportamientos
típicos de las demencias y del Alzheimer
Los comportamientos difíciles y característicos de las
demencias y de la enfermedad de Alzheimer (EA) son:
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Irritabilidad y rabia
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Tozudez
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Enfados frecuentes por cosas mínimas
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Malhumor constante
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Cambios emocionales frecuentes
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Perder los modales, se vuelve maleducado e impertinente
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Apatía
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Agitación
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Brotes de agresividad y violencia
La mayoría de estas conductas son originadas por el malestar
físico que sienten y la dificultad de poderlo expresar, especialmente a medida
que avanza la enfermedad y se deterioran las capacidades cognitivas que son las
que le permiten expresar verbal y correctamente sus deseos y emociones.
La mayoría de las conductas y los comportamientos negativos
y difíciles son originados por la enfermedad. La mayoría de estos
comportamientos se desencadenan por el malestar del paciente enfermo y no
tienen intención de molestar, pero son comportamientos que molestan. Cuando
decimos que no tienen intención de molestar queremos decir que lo que sucede es
que, en las demencias y el tipo de demencia Alzheimer, las personas van
perdiendo el control de las emociones, el paciente pierde la capacidad de
controlar las emociones y expresa de forma primitiva o básica sus emociones y
sentimientos, y además va perdiendo la capacidad de atender a las emociones de
los demás y observar si los otros se sienten bien o mal.
Actúa sin pensar en las consecuencias inmediatas de sus
acciones ya que va perdiendo la habilidad de planificar acciones y tomar en
cuenta las consecuencias de esas acciones, actúa sin más. A medida que avanza
la enfermedad no recuerda las respuestas y consecuencias de algunas conductas,
y cuando suceden esas situaciones es como si las viviese por primera vez sin
recordar las consecuencias negativas de esos comportamientos, tanto para él
mismo como para otras personas y también para los objetos que pueden dañarse.
Esta dificultad progresiva para recordar las consecuencias
de las conductas es lo que hace que poco a poco lo que para otras personas
resulta normal para el paciente resulte extraño, molesto y en algunos casos
peligroso, y responda emocionalmente de forma incorrecta para los que están
cuidándole o a su alrededor. Por ejemplo, querer encender el fuego del
calentador de la cocina, y dejar el gas encendido mientras busca cerillas y las
intenta encender, es una conducta peligrosa que si le decimos que apague el gas
y luego lo encienda cuando esté la cerilla puede provocar un brote de ira, y de
gritos y enfado por considerar el paciente que le queremos anular o despreciar.
Tendremos en cuenta todo este tipo de conductas y la forma de intentar que no
ocurran para evitar parte de los enojos y enfados del paciente, organizar la
vida cotidiana es importante para prevenir acciones peligrosas y enfados
violentos, tal como explicamos en el capítulo dedicado a organizar la vida en
el hogar y estrategias de control del comportamiento del paciente demente y
Alzheimer.
Para finalizar, recordamos que es muy importante tener siempre
en cuenta que es una persona enferma, que tiene una enfermedad que le irá
incapacitando poco a poco y somos nosotros quienes debemos entenderle y
organizar la vida con rutinas que faciliten la convivencia a todos,
especialmente a los familiares y al propio paciente.
Importante: Es
una persona enferma a la que hay que ayudar a controlar su comportamiento con
estrategias que ayuden a evitar esos comportamientos o a mantenerlos con una
frecuencia baja y mantener una actitud neutra – agradable, ya que el cuidador profesiona,
y el cuidador familiar, es la persona encargada de ayudar y de encauzar las
situaciones cuando se alteran y crean tensiones en el ambiente entre las
personas que están en esa situación momentánea. Es una situación momentánea que
hay que controlar y ayudar a encauzar. Ver las estrategias para manejar y
encauzar comportamientos difíciles en el apartado Estrategias para manejar el comportamiento difícil del paciente.
La mayoría de estos comportamientos son causados por el
deterioro neurocerebral del paciente. A medida que la enfermedad avanza y el
deterioro cerebral es más acusado aumentan los comportamientos molestos y difíciles,
especialmente en el Alzheimer. En el enfermo de Alzheimer, en la primera y en
la segunda fase, aparecen comportamientos de cólera, ira y agresivos, cuando
aún es consciente de las dificultades que tiene para recordar cosas y sucesos
inmediatos y para recordar rutinas y actividades diarias y cotidianas, así como
cuando surgen las primeras dificultades con el lenguaje tanto para entender lo
que le dicen como para articular lo que quiere decir, además de recordar las
palabras que expresan el pensamiento o los deseos que tienen en esos momentos.
Estas dificultades propias de la enfermedad desencadenan comportamientos incorrectos,
agresivos y violentos que hay que prevenir e intentar evitar en la mayoría de
los casos y cuando no podamos evitarlos, controlaros y reducirlos hasta que
desaparecen, como veremos una de las técnicas que mejor resultado dan es el autocontrol
emocional del cuidador, paciencia hasta reconducir la conducta y volver a un
clima de tranquilidad.
En síntesis, las demencias en general y en particular la
enfermedad de Alzheimer, producen malestar físico y malestar psíquico que se
traduce en comportamientos molestos para el paciente y para el cuidador y la
familia.
Además de los comportamientos que se derivan de la
enfermedad, están los comportamientos propios de la persona enferma, la forma
de ser, la personalidad del paciente antes de estar enfermo es otro factor que
puede influir positiva o negativamente en los comportamientos que tiene ante su
propia enfermedad, cuando aún es consciente de que es una persona enferma, con
una enfermedad degenerativa y que progresivamente le hace dependiente de los
demás en todo, a medida que avanza la enfermedad.
Los comportamientos difíciles y característicos de
las demencias y de la enfermedad de Alzheimer (EA) son
Los comportamientos difíciles y característicos de
las demencias y de la enfermedad de Alzheimer (EA) son
La propia enfermedad, la personalidad del paciente, a forma
de ser, y las relaciones positivas y negativas que mantenían antes de la
enfermedad con su entorno son factores a tener en cuenta cuando organizamos la
convivencia familiar.