LAS SANCIONES ESCOLARES Y LOS DERECHOS DEL NIÑO
(M. Vidal Lucena, Dra. en psicología)
Las sanciones escolares son aquellas sanciones o consecuencias negativas que tiene para un niño su comportamiento en ese contexto o Centro Escolar. Las sanciones son reguladas por ley, están reconocidas o deben estarlo en el ordenamiento jurídico nacional e internacional, en el caso de los menores, las sanciones impuestas deben respetar los derechos del niño establecidos en la Convención de los Derechos del Niño.
Las sanciones escolares, o las sanciones disciplinarias en la escuela, tienen que preservar siempre los derechos del niño, por encima de la sanción o castigo están los Derechos del Niño. Eso quiere decir que las sanciones tienen que ajustarse a las leyes y derechos que protegen al menor, siempre.
Lo que quiere decir que no puede existir una sanción, ni una, que entre en contradicción con los derechos reconocidos del niño.
Existen una serie de sanciones disciplinarias escolares que están legisladas por las autoridades públicas. Y existen una serie de sanciones que se deciden y aplican en los centros escolares dentro de su reglamento interno, y existen otra serie de sanciones que aplican los profesores y personal no docente de los centros escolares.
En el caso de las sanciones o castigos que aplican los profesores y específicamente en el aula, son sanciones disciplinarias, según recogen diversos estudios e investigaciones en estos temas (Vidal, M. 2000) que no están legisladas, o regladas, simplemente depende de cada profesor y de su estilo educativo y en algunos casos de su estilo personal.
Algunas de estas sanciones disciplinarias atentan contra los derechos del menor. Ya sea porque atentan a su integridad psíquica, a su honor o al derecho a la educación, el niño-alumno tiene derecho a que le enseñen como comportarse correctamente, de la misma manera que le enseñan a escribir, leer, las matemáticas, cualquier contenido instructivo-educativo escolar social-moral que le eduque poco a poco a adaptarse a la sociedad y ofrecerle oportunidades de aprendizaje y formación social (Piaget, 1948,
El Derecho a la Educación en el mundo actual)
Todas las sanciones, todas, tienen que regirse por ese principio o principios que son los Derechos Humanos y los Derechos del Niño.
Las sanciones disciplinarias que se impongan en la escuela, deben ser sanciones, en la medida de lo posible, reparadoras. Reparadoras significa que intenten, cuando se pueda, reparar el daño o molestia causada a los demás, y que no dañen al alumno que ha realizado la conducta o comportamiento incorrecto, que no le dañen ni física ni psíquicamente.
Sí este principio de sanción reparadora es válido en un contexto social amplio, como es la sociedad, es mucho más válido en un contexto social específico de esa sociedad: la Escuela, cuyo objetivo prioritario es la socialización, no la exclusión, es la adaptación y formación humana y técnica: Educación.
Educación en ese sentido amplio significa que además de sancionar al alumno, la escuela debe enseñarle a comportarse compartir esa responsabilidad con la familia, especialmente en una sociedad en la que los niños pasan muchas horas en la escuela,la sociedad hace que la familia delegue funciones, obliga a escolarizar, a delegar funciones y debe ofrecer una educación completa.
Se vulneran los derechos del niño, cuando no se guía al alumno desde pequeño hacia unas normas de comportamiento en la escuela y por supuesto en la familia, pero estamos ahora en el contexto escolar.
Se vulneran los derechos del niño cuando no se le enseña a comportarse desde pequeño y en cambio se le exige que se comporte de una manera determinada que no se le ha enseñado, guiado o explicado y se le sanciona por no comportarse de esa manera determinada que va, muchas veces aprendiendo a golpe de sanciones o castigos, y otras muchas veces no las aprende con sanciones ni castigos, y repite esa conducta evitando el castigo si puede.
La disciplina escolar se aprende, y debe aprenderse como un objetivo educativo importante, no como algo que debe traer puesto el niño cuando entra en clase, como si fuese una chaqueta de quita y pon. Ahora vas a la escuela, compórtate bien. Ya está.
¿Qué será comportarse bien en la escuela?
Cuando un niño-alumno, de nueve años por ejemplo, pregunta al profesor e interrumpe lo que está explicando el profesor en ese momento: Es un comportamiento incorrecto, de acuerdo.
Si las características del niño o el estilo lingüístico que ha aprendido para comunicarse con los adultos es, por ejemplo, dirigiéndose al profesor: "Oye, tú, que no lo entiendo"
Podemos pensar:
- que no tiene modales, que su familia no le enseña
- que es un maleducado
- que es un grosero
- que es agresivo
- que es un impertinente
Y un montón de frases más parecidas a las que acabamos de transcribir y que nos han comentado algunos profesores, en las investigaciones que hemos llevado a cabo en este tema.
También podemos pensar:
- Se ha interesado por la lección y no lo entiende y pide que se lo vuelva a explicar
- Está atento a la lección pero no sabe como debe dirigirse a un adulto-profesor (o alumno) en momentos determinados.
- Está interesado en entender lo que está escuchando, pero no sabe preguntar.
- Intentando entender lo que estaba explicando ha interrumpido la lección y a los compañeros, tanto a los que lo entienden como a los que no lo entienden.
Y así, sucesivamente. Partimos del supuesto que el alumno que se ha dirigido al profesor de esa forma, le está preguntando por lo que no entiende. En los casos de alumnos que interrumpen por molestar al profesor y divertirse molestando a otros, no hay nada que pensar, simplemente aplicar una sanción, pero esa sanción debemos tenerla programada, de lo contrario puede suceder que la sanción que se nos ocurra en ese momento de irritabilidad sea peor para el funcionamiento de la clase, y que en ese momento empiecen los enfrentamientos entre profesor, alumno o alumnos, etc., los castigos-sanciones son efectivos si se saben aplicar "pero también pueden producir comportamientos agresivos si no se aplican adecuadamente" p. 169 en "La Agresión y sus causas", J. W. Renfrew, 2005. Ed. Trillas.
Los profesores suelen darse cuenta enseguida de quién pregunta para molestar e interrumpir y quién pregunta, aunque sea de malos modos, para entender lo que está explicando.
Volviendo al ejemplo del alumno que no sabe preguntar, a ese alumno que no sabe cómo debe preguntar en esos contextos específicos.
Si la forma de preguntar del alumno nos lleva a pensamientos como los que hemos puesto primero: es un maleducado, es grosero y agresivo, etc. Lo más probable es que nos lleve a castigar, a sancionar al alumno. Y según el profesor, lo castigará de una forma o de otra, ya que no tienen programadas las sanciones, no están programadas las sanciones según conductas en el aula, lo que hará que según el profesor lo maneje de una forma o de otra, tal como hemos comprobado en el estudio sobre disciplina escolar financiado por el ICCE: el 91% de los profesores no programa las sanciones, depende de lo que sucede (Vidal Lucena,M.
Disciplina escolar: Gestión y control del aula. Documento Técnico, publicado por el Instituto Calasanz de Ciencias de la Educación, Madrid 2000)
Si un profesor se ha dado cuenta de que el alumno pregunta, aunque de forma incorrecta, pero no para interrumpir la clase, y sabe manejar en ese momento la situación, todo regresa a la normalidad del aula y de la explicación, pero si un profesor no sabe manejar bien la situación, lo más probable es que surja un brote de tensión, que puede estallar o no, dependiendo de muchos factores característicos de cada clase o aula.
Observamos como la forma de interpretar los comportamientos de los alumnos (y de las personas en la vida cotidiana y laboral) tiene consecuencias diferentes según quien los interprete, tal como nos indican las investigaciones sobre violencia y agresión: Los efectos de dar una explicación adecuada y coherente a conductas agresivas y la forma de interpretarlas disminuye o aumenta la agresión (Zillmann, D. y cols.(1976) en
Effect of timing of information about mitigating circunstancses on emotional responses to provocation and retaliatory behavior, Journal of Experimental Social Psychology, vol 12 pp 38-55).
Estos investigadores y otros de relevancia nos recuerdan que tanto los profesores, familia y especialmente medios de comunicación deben tener más precaución a la hora de comentar comportamientos violentos y agresivos, evitar dar las noticias y sacar conclusiones y causas sin bases objetivas, ya que así no colaboramos a disminuir la agresividad. Informar, añaden, de los comportamientos de los alumnos es diferente a emitir juicios y causas.
Todas estas situaciones, la mayoría, pueden evitarse enseñando a comportarse en el colegio, a comportarse en todas las dependencias escolares. Es diferente hablar en clase, que hablar en el patio. Hablar se puede: dónde, cuándo y cómo o de qué forma es lo que tenemos que enseñar desde pequeños, desde Educación infantil (Vidal, M. 2004, en
Habilidades socio-emocionales en el aula. Colección Crecer y Aprender, Ed. ICCE)
Se puede preguntar al profesor, sí. Por supuesto que se puede y se debe preguntar al profesor, pero: cómo, cuándo y en qué momento, eso es lo que debemos enseñar.
Las normas de Aula, y de todos los espacios del centro escolar, son diferentes entre sí. Podemos hablar en el patio, hablar menos en el comedor y en clase cuando corresponda.
Podemos preguntar al profesor de la forma adecuada que es la que en este centro nos han enseñado o explicado. Si queremos hablar o interrumpir la exposición del profesor, debemos levantar la mano sin hacer ruido y esperar a que nos indique que podemos hacerlo. Esta es una conducta que solemos explicar en los cursos que damos a los docentes o profesores, puesto que difícilmente en casa les van a enseñar a levantar el brazo para preguntar a su madre o a su padre si pueden hablar. Hay conductas y comportamientos que son específicos del contexto.
Hay conductas y comportamientos muy específicos de los contextos en los que está y se desarrolla un niño.
Los contextos básicos de desarrollo actual, familia y escuela, interactúan entre sí y deben apoyarse y coordinarse y cooperar para una educación en valores humanos positivos, de respeto, de respeto mutuo. Pero hay conductas y comportamientos que debe enseñar la escuela y otras conductas y comportamientos que debe enseñar la familia, y reforzarse en ambos contextos.
Y en ambos casos, cuando se han enseñado y no se cumplen, las sanciones deben corresponderse con los principios de la Convención de los Derechos del Niño.
En el programa de investigación que estamos llevando a cabo: Enseñar a Respetar-Aprender a Comportarse, hemos diseñado:
Normas de comportamiento por contextos escolares, dependencias escolares, para que las expliquen a los alumnos. Estas normas indican el comportamiento correcto en los distintos espacios o dependencias que hay en la escuela: aula, patio, baños, privados…, indican cómo deben comportarse en la Escuela. De no hacerlo, de no comportarse como se les ha indicado, se aplicará las sanciones correspondientes y secuenciadas por edad de desarrollo, las láminas de los cuadernillos de Habilidades sociales-emocionales para nios de 3, 4 y 5 años de la colección "Crecer y Aprender" (Vidal, M. 2004, ICCE) escenifican comportamientos básicos que deben aprenderse y son producto-resultado de nuestras investigaciones.
Hemos agrupado las conductas incorrectas por: intencionalidad, contextos, a quién va dirigida, por gravedad, y por edad de desarrollo.
Y agrupado las consecuencias y sanciones en función de esos factores.
Partimos de la premisa que en educación es necesario enseñar la conducta correcta, cuando se pueda, cuando no es posible existen otras medidas de aplicación y de ayuda.
Y agrupamos dos tipos de acciones: Consecuencias y Sanciones.
Las consecuencias positivas: enseñar la conducta adecuada, y las consecuencias negativas, sanción-castigo.
Por el momento hemos obtenido buenos resultados y creemos que es una vía adecuada, y aún por explorar, para que los alumnos aprendan a comportarse en la escuela y disminuyan los conflictos de disciplina escolar. Que como recordamos siempre, son muy diferentes a los conflictos por acoso o violencia escolar, que en estos casos precisan otro tipo de intervenciones (D. Olweus, 1973) y que no hay que confundir.
Es importante distinguir a los niños, a los alumnos, que no saben cómo comportarse, de los alumnos que se saltan las normas, los indisciplinados, de los alumnos agresivos y violentos.
Y es necesario detectar a otro grupo de alumnos, los que tienen trastornos mentales, psicopatología, mínima o grave para poderlos ayudar y derivar a tratamientos (Vidal,M.:
Disciplina y psicopatología escolar; ponencia presentada en el Congreso Interpsiquis, febrero - 2003).
Nota:
- En el apartado de Convivencia y Disciplina escolar de reEduca.com, se puede consultar el estudio piloto y los resultados de la investigación Disciplina escolar: Gestión y control del aula de M. Vidal Lucena, 2000, publicado por el ICCE como Documento Técnico.
- En el apartado Ética y Derechos de reEduca.com, se puede consultar los textos de Piaget (1948) resumidos "El Derecho a la Educación en el mundo actual"