Inicios y orígenes de la neuropsicología
La neuropsicología es una rama de la neurología que surge a
mediados del siglo XX como disciplina científica, sus inicios se sitúan en el
siglo XIX y están relacionados con nombres tan conocidos en neurología como son
Broca, Wernicke o en psicofisiología como Flechner.
La neuropsicología surge con la finalidad de estudiar y
entender las conductas originadas por algún tipo de lesión en el cerebro,
especialmente las conductas relacionadas con el comportamiento o las funciones
corticales superiores: memoria, percepción, lenguaje, razonamiento y
pensamiento. Desde sus inicios se ha centrado en el campo de los procesos
mentales superiores, especialmente con el lenguaje, sin obviar las conductas
simples o menos complejas de características motoras.
La neuropsicología se origina a partir de diversos estudios
médicos relacionados con el sistema nervioso y las perturbaciones en el
comportamiento y del lenguaje. Dentro de la medicina una de las ramas que
influyó en la aparición de la neuropsicología fue la psicología fisiológica
cuyos estudios estaban relacionados con las bases orgánicas de la conducta.
El impulsor de la psicología neurológica o neuropsicología
fue Luria, al que se le considera el padre de esta nueva disciplina. El interés
por los procesos superiores del hombre y su dependencia con el funcionamiento
del cerebro le llevó a realizar diversos estudios e investigaciones para poder
comprender las bases fisiológicas, neurológicas de las funciones superiores del
ser humano. Partiendo de las diversas lesiones cerebrales producidas por bala
en los soldados de la segunda guerra mundial fue delimitando una estructura
cerebral con funciones localizadas y funciones interconectadas que permitían
pensar en el funcionamiento del cerebro como un órgano que funciona con áreas
especializadas en funciones, que a su vez están interconectadas a otras áreas
que les permite realizar las funciones determinadas o específicas.
La localización fija y estática de grandes áreas cerebrales
dedicas a una función principal, como el lenguaje, era de esta manera
puntualizada y daba origen a lo que se ha venido a llamar la actividad cerebral
como un complejo de conexiones diversas que si bien pueden localizarse zonas
cerebrales especializadas en conductas, son lo que podemos denominar zonas de
microconductas ya que la globalidad o totalidad de la acción de una conducta se
produce por la interconexión de varias áreas que la producen.
Los orígenes cercanos de la neuropsicología están en los
descubrimientos de Broca en el siglo XIX. El interés por los trastornos del
lenguaje y especialmente por la afasia se remontan a la antigüedad, en el
papiro de Smith, 3.500 a. C., ya encontramos referencia a esta perturbación del
lenguaje, y en el Corpus Hippocraticum, 400 a. C., volvemos a encontrar
referencias a esta alteración y de forma más sistematizada, y en otros textos y
autores en diferentes siglos de la historia de las enfermedades y de la
patología y la medicina.
Ahora bien, la neurología como ciencia es reciente y
pertenece al siglo XX, y la psicología como disciplina científica se inicia en
el siglo XIX, por lo tanto las raíces cercanas de la neuropsicología están en
el siglo XX, por propia definición de las disciplinas que convergen en ella:
neurología y psicología.
En España dos figuras sobresalientes en el campo de la
medicina, en neurología son Luis Simarro (1851-1921), neurólogo y psiquiatra, y
en medicina e histología Ramón y Cajal (1852-1934), ambos interesados en las
bases biológicas del pensamiento o del alma, las neuronas, o mariposas del alma
como solía denominarlas Cajal.
La neurología y la psicología: cerebro y mente, los procesos
neurológicos como creadores de los procesos mentales o por lo menos como la
base para que puedan producirse los procesos mentales complejos.
Situándonos en los precursores más inmediatos y nombrados de
la neuropsicología y dejando por un momento el laboratorio de la Sâlpetriére
con Charcot y sus discípulos y colaboradores, nos centramos en las figuras que
suelen nombrarse como iniciadores o precursores de la neuropsicología.
En 1865, Broca estableció la relación existente entre una
zona cerebral y el habla, las bases neuroanatómicas de la afemia, actualmente
conocida como afasia de Broca.
En 1874, Wernicke presenta sus descubrimientos relacionados
con la afasia sensorial que sitúa en el temporal izquierdo y produce la pérdida
de comprensión del lenguaje.
A partir de estas fechas se inician estudios para hallar las
localizaciones de procesos superiores, es la época de los diagramas o
localización de áreas de funcionamiento cerebral destinadas a conductas.
Jackson, siglo XIX, se opuso a la localización o modelos
asociacionistas como los de Broca y Wernicke y propuso un enfoque global para
explicar las lesiones cerebrales y el funcionamiento conductual.
Luria, siglo XX, se opuso también a los modelos
localizacionistas como explicación del funcionamiento global del cerebro.
Podemos concluir diciendo que hasta la primera mitad del
siglo XX, la neuropsicología estaba centrada en la localización de áreas
cerebrales y lesiones que pudiesen relacionarse con déficits conductuales, por
una parte y por otra parte en clasificar los trastornos neuropsicológicos.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, en los años 70,
una serie de autores británicos, Marshall, Newcombe, Warrington, Shallince
entre otros, centran sus estudios en los procesos cognitivos superiores y las
bases o mecanismos cerebrales subyacentes a estos procesos mentales, dando
origen a lo que se conoce como neuropsicología cognitiva.
El interés fundamental de estos estudios se centra en
investigar que sucede cuando un sujeto con lesiones cerebrales se enfrenta a
una tarea determinada, qué aspectos están deteriorados y qué aspectos mantienen
un funcionamiento normal.
La neuropsicología cognitiva parte de los enfoques
modularcitas del desarrollo cognitivo, específicamente de las premisas de Fodor
(1983) en The modularity of mind, y de autores modularistas como son Marr,
Chomsky entre otros.
Sus posturas se acercan a las posiciones localizacionistas
del siglo XIX, y a las propuestas de arquitectura o diagramas cerebrales.
El postulado de la neuropsicología cognitiva es que existen
módulos independientes que realizan funciones específicas y especializadas e
innatas. Las investigaciones en diferentes aspectos de los procesos mentales
han aportado datos suficientes para considerar la existencia de la modularidad
cerebral, módulos específicos de conocimiento y habilidad, como ejemplo clásico
se cita las lesiones que producen afasia que afecta a una parte de la tarea del
lenguaje pero no a la totalidad del lenguaje.
Lo que significa que una lesión cerebral puede afectar e
incluso destruir un módulo específico, lo cual produce alteraciones específicas
en una tarea determinada, pero no en toda la tarea.
Los módulos de conductas o aprendizaje tienen como base
biológica un conjunto de neuronas especializadas en esas tareas, la lesión de
un conjunto de neuronas indica o puede indicar el módulo cognitivo deficitario.
Los pacientes con lesiones neuronales no pueden recuperarse, en el sentido
pleno de la palabra recuperación neuronal y no pueden recuperar las funciones
cognitivas-neuronales que dependían de ese conjunto de neuronas, pero sí pueden
utilizar "estrategias compensatorias” (Butterworth, 1979) utilizando otros
sistemas modulares que compensen las funciones deficitarias, ya que el sistema
cerebral funciona globalmente pero con módulos especializados, si un módulo
cognitivo está daño podrá activarse ya que los otros módulos o dominios
específicos están sanos.
Estos enfoques modularistas o de dominios específicos son
los que empíricamente están aportando datos que comprueban el funcionamiento
cerebral por dominios específicos, actualmente se trabaja con técnicas de actividad
cerebral (resonancia, potenciales) que facilitan la localización de lesiones y
áreas cognitivas afectadas.
Junto con estas líneas de investigación teórica se están
llevando a cabo estudios prácticos y clínicos para avanzar en la rehabilitación
de los trastornos neuropsicológicos.